miércoles, 9 de enero de 2013

PUNTÓN DE GARITO


Ya que últimamente hablamos de Gran Canaria, vamos a contar un poco la historia de Arteara (No confundir con Artenara, situada a 1270m de altitud y en las cumbres más occidentales).
Este pequeño núcleo de población, posee una necrópolis con unos 2500 años de antigüedad. Las estructuras de los enterramientos están configuradas a base de piedra seca, y hay en pie una considerable cantidad de estos enterramientos, de cuyos restos se ha podido comprobar la semejanza de los aborígenes canarios con el cromañón. Hace unos 300.000 años, hubo un derrumbe de las laderas orientales de este barranco, de origen volcánico y de más de 9 millones de años de inactividad, que ocasionó una gran cantera de materiales que posteriormente han sido utilizados por el hombre para estas y otras construcciones.
 Tras la conquista castellana de la isla, se llevó a cabo un reparto de tierras, y muchos de los indígenas venidos de Fuerteventura para participar, se quedaron en este valle, y se configuró el asentamiento que hoy conocemos como Arteara,  Artedara o Arteaga, situado en el sur de Gran Canaria, a 300 metros de altitud, en el centro del barranco de Fataga, Paisaje Protegido, y lindando con el Parque Natural de Pilancones.
Es agradable observar el vergel que rodea cada vivienda de este pueblo, con naranjos, palmeras, y frutales de todo tipo, de hecho, el nivel freático está relativamente cerca del suelo.
Hasta aquí nos dirigimos con nuestro coche, por la GC-60, subiendo desde Maspalomas, y tras haber pasado la espectacular Degollada de las Yeguas con nuestro pequeño auto, el cual aparcamos frente al Camel Park que hay al norte de la población.
Como no conocemos el lugar, empezamos a caminar por una pista, hasta que esta nos llevó a una finca particular, por la que entramos y preguntamos al dueño, que estaba labrando la tierra, y nos indicó por donde podríamos ir hacia Pilancones, que es el nombre del pino más antiguo de la isla, pero que según este señor, se había caído hacía unos dos años.


Continuamos por el carril, que promete ser un poco aburrido, y nos cruzamos con un camino, estrecho, que asciende hacia la Cañada de Geuco, sin señalizar, y no lo pensamos: pies para que os quiero…
La ascensión se torna dura y difícil, pero el paisaje se va abriendo metro a metro y la vegetación, abundante sobre todo en dragos, hace que nos vayamos emocionando y alegrando de haber tomado este camino.


Hay algunos hitos, a los que contribuimos engordando, y se asciende de forma vertiginosa hasta un precioso collado, a 770m de altitud, donde tomamos el sendero que sale hacia la derecha, de las dos opciones que se nos presentan.


El camino sigue ascendiendo por una ladera y continúa zigzagueando y ganando en perspectiva.


Una vez alcanzado el risco Castañales, aparece ante nosotros una pista, que nos conduce hasta San Bartolomé de Tirajana, pero nuestra intención no era la de hacer una ruta demasiado larga, así que, nos 


desviamos por un camino poco señalizado que continuaba ascendiendo entre pinos canarios.
Frente a nosotros apareció la cumbre del Puntón de Garito, de 1010m, con unas panorámicas 


impresionantes a diestro y siniestro.  En esta solitaria montaña decidimos dar por terminado nuestro avance, con el buen sabor de boca de haber hoyado otra cumbre más en esta majestuosa isla, donde 


entre cielo y mar, surgen como si de una explosión se tratase, enormes montañas que no deben ser ignoradas por un solo amante de la actividad física en el medio natural. Estar ahí arriba, fue como escuchar la versión de Us And Them, de Pink Floyd, interpretada por Jeff Scott Soto  a la voz, con Scotty Page a la guitarra y saxo, y Jimmy Haslip a la base rítmica junto a Pat Torpey con las baquetas. Sólo hay una cosa comparable a oír música: hablar de música.


La meteorología estuvo a la altura de nuestra primavera; los paisajes, al máximo exponente de belleza; la compañía fue ideal… y seguramente, Canarias será un lugar en el que volvamos a caminar.




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